jueves, mayo 23

Las campañas del ‘outsider’ Arévalo y la ex primera dama Torres escenifican el dilema de Guatemala | Internacional

De un lado, una plaza cargada de significado histórico y simbolismo que fue el epicentro de las protestas anticorrupción de 2015 y que vio nacer al Movimiento Semilla, el partido del sociólogo Bernardo Arévalo, el candidato que lidera la encuestas para las elecciones de Guatemala. En el público, gritos de “Sí se puede” y ramos de flores que representan uno de los lemas de aquellas manifestaciones: “Florecerás, Guatemala”. Del otro, una fiesta en un mercado popular con sus puestos coloridos de fruta y verdura, donde vendedores y compradores comparten los embates cotidianos de la economía, y en el que los líderes sindicales se han lanzado a apoyar a la ex primera dama Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), y han inundado los puestos de carteles con su rostro.

Los cierres de campaña de los candidatos a la presidencia, celebrados a solo 3,5 kilómetros de distancia y con dos días de diferencia en Ciudad de Guatemala, han escenificado dos formas completamente diferentes de hacer política entre las que deberán escoger los guatemaltecos este domingo. Arévalo, el candidato sorpresa de la primera vuelta, ha capitalizado el hartazgo contra la corrupción y ha sacado adelante una campaña diferente con menos recursos y apoyándose en una potente red de jóvenes que confían en él y que han llevado su mensaje a todo el país por tierra y por redes como TikTok. Por su parte, en su tercer intento por alcanzar la presidencia, Torres representa la forma más tradicional de hacer política con una campaña enfocada en los más pobres que aún recuerdan las ayudas sociales que entregó como primera dama y que promete potenciar de convertirse en presidenta.

El candidato presidencial Bernardo Arévalo, del Movimiento Semilla, habla ante sus simpatizantes durante el cierre de su campaña, el 16 de agosto de 2023, en Ciudad de Guatemala.SANDRA SEBASTIÁN

En juego está quién gobernará el país más poblado de Centroamérica tras años de un auge autoritario y deterioro institucional acelerado en la presidencia de Alejandro Giammattei, que ha llevado a la cárcel o al exilio a jueces, fiscales y periodistas. Además, el próximo presidente tendrá grandes retos como generar bienestar en un país de más de 17 millones de habitantes profundamente desigual, donde más del 60% de la población vive bajo la línea de la pobreza, uno de cada dos niños padece desnutrición crónica y muchas de las comunidades carecen de servicios básicos.

“No es una segunda vuelta común y corriente en donde la candidata de la mentira y la desinformación vuelve a competir contra el menos peor”, dijo el miércoles Arévalo en alusión a los anteriores intentos de su rival de alcanzar la Presidencia durante su cierre de campaña. Torres, de 67 años, ha abandonado sus orígenes socialdemócratas para adoptar posiciones más conservadoras de la mano de su candidato a la vicepresidencia, el pastor evangélico Romeo Guerra.

“Es un momento diferente porque sí podemos cambiar la historia de Guatemala. Por primera vez en muchos años existe una alternativa humilde, diferente y que representa la semilla del cambio”, añadió el diputado de 64 años en un escenario frente al Palacio de Gobierno en la Plaza de la Constitución. “En esta plaza donde estamos hoy, hace ocho años nos encontramos y nos unimos detrás de un anhelo: sacar a los corruptos del poder y recuperar para el pueblo de Guatemala su futuro”, recordó el hijo del expresidente Juan José Arévalo (1945-1951). El miércoles, la misma explanada de la que surgió su partido estaba repleta de seguidores de Semilla llegados de todo el país que gritaban “Sí se puede” ante la idea de tenerlo como presidente y “no le toca” cuando desde la tarima alguien mencionaba a Sandra Torres.

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Arévalo lidera holgadamente las encuestas. La última, publicada el miércoles por Prensa Libre, le da casi 30 puntos de ventaja respecto a Torres. Lo ha hecho, según presumió en su cierre de campaña, con un “recorrido diferente, sin gastar millones y parándose a escuchar a la gente. Su gran promesa es atacar de raíz la corrupción que todo lo corroe en Guatemala para dejar de perder recursos y que se destinen a la población. Su pase a la segunda vuelta fue la gran sorpresa de estas elecciones, algo que los miembros de su partido achacan, entre otras cosas, al trabajo de sus bases, compuestas principalmente por jóvenes, y de los diputados que desde 2020 hacen oposición desde el Congreso.

“Siempre vimos el apoyo sobre todo de los jóvenes, pero también de padres que nos decían: ‘Voy a votar por ustedes porque mi hijo ya me habló. Mi hijo ya me dijo que ustedes son la mejor opción’. Eso era muy recurrente. De alguna manera los jóvenes empujaron a sus papás a conocer Semilla, a ver los videos, los debates, a seguir a Bernardo, a los diputados”, le dijo a EL PAÍS Román Castellanos, uno de los 23 diputados que tendrá Semilla en el nuevo Congreso. Como otros miembros de su partido, este politólogo de 38 años originario de una comunidad maya q’eqchi de Cobán, en el norte del país, tenía claro por su contacto con la gente durante la campaña que el apoyo a su partido era mayor del que decían las encuestas.

El reto para la segunda vuelta era que un equipo mayoritariamente urbano llegara a todo el país. “Hay liderazgos departamentales y municipales de las diferentes comunidades lingüísticas que existen”, apunta Castellanos. Sin embargo, reconoce que es “muy desafiante” hacer política en departamentos como la franja transversal del norte por la geografía accidentada. Son lugares donde las redes de comunicación son limitadas y donde es costoso llegar. Otro de los desafíos es el clientelismo al que, coinciden varios miembros del partido, están acostumbrados en muchas comunidades donde esperan que los candidatos lleguen a pedir el voto a cambio alimentos, láminas de construcción o incluso dinero en efectivo.

La ilusión que ha generado el inesperado surgimiento de Semilla se ha topado también con el rechazo de los grupos que tradicionalmente han ostentado el poder en Guatemala, que han tratado de frenar su avance a través de una persecución judicial. Pero, lejos de detenerlo, estos intentos parecen haberlo fortalecido a juzgar por las encuestas y el apoyo en las calles.

“Es un atropello a la democracia. Se sirven de las instituciones para usarlas a favor de los intereses de un grupo”, asegura Lisette Gálvez García, una mujer de 54 años originaria de Chimaltenango, en el centro del país, que estaba en la Plaza de la Constitución durante el cierre de campaña de Semilla junto a su madre Vitalina (87 años) y su hermana Isabel (54). “La corrupción está muy enquistada en Guatemala. A Arévalo le va a ser difícil gobernar, pero hay voluntad. A veces cuesta que los guatemaltecos reaccionen. Nos hemos vuelto resistentes al dolor”, dice por su parte Isabel, quien está contando los días y las horas para el domingo, un día en que, asegura, “está en juego la transformación y la reestructuración” del país.

Diputadas de Semilla sostienen un mapa hecho con flores durante el cierre de la campaña en el Parque Central de la Ciudad de Guatemala el 16 de agosto.
Diputadas de Semilla sostienen un mapa hecho con flores durante el cierre de la campaña en el Parque Central de la Ciudad de Guatemala el 16 de agosto.SANDRA SEBASTIAN

Sandra Torres, una campaña clientelar dirigida a los pobres

La comitiva de la candidata de la Unidad Nacional de la Esperanza, Sandra Torres Casanova, se abre paso entre los callejones de la central de abastos de la capital guatemalteca, La Terminal, donde las ventas de papayas, piñas y otras frutas de temporada, granos básicos y un sinfín de mercaderías, dejan poco paso para caminar. Al fondo, en un área al aire libre rodeada por ventas de aguacates, una multitud principalmente de comerciantes y amas de casa, esperaba el cierre de la campaña a la presidencia de Torres, la comunicadora originaria de una Melchor de Mencos, una comunidad fronteriza con Belice.

Torres llega al fin de su tercera campaña presidencial con la suma de nuevos aliados, alcaldes electos por el partido en el gobierno de Alejandro Giammattei y algunos del partido que postuló a Zury Ríos, la hija del exjefe de Estado Efraín Ríos Montt, acusado por genocidio. En sus últimas presentaciones, la candidata ha intentado desacreditar a su contendiente, al proceso electoral y ha continuado con su dinámica de ofrecer regalos o incentivos económicos para quienes voten por ella. Y eso, la búsqueda de ayuda, es lo que ha movilizado a varios de los asistentes al último mitin de Torres este viernes.

Mientras la candidata llegaba, el público se entretuvo con un espectáculo de lucha libre y con la presentación de Los Miseria Cumbia Band. Su vocalista, Pablo Cristiani, fue crítico de las protestas ciudadanas anticorrupción de 2015, y un hermano suyo es un exdiputado del Partido Patriota señalado por corrupción. Torres subió a la tarima al filo de las once de la mañana, cuando quedaba una hora para el silencio electoral. Le acompañaban dos de los diputados electos por su partido y el candidato a la vicepresidencia. Un pastor evangélico oró antes de que Romeo Guerra tomara la palabra. En el escenario se habló de la importancia de conservar la familia tradicional, y cargaron contra el aborto, el matrimonio igualitario y la agenda 2030 para el desarrollo sostenible de la ONU.

Sin embargo, esos discursos no encienden al público como sí sucede con las ofertas de campaña: ayudar a los pobres, entregar fertilizantes y la bolsa solidaria ampliada, un paquete de granos básicos y víveres que Torres promete darle a cada familia cuando sea presidenta.

Vendedoras de La Terminal trabajan delante de un cartel de Sandra Torres este 18 de agosto en Ciudad de Guatemala.
Vendedoras de La Terminal trabajan delante de un cartel de Sandra Torres este 18 de agosto en Ciudad de Guatemala.SANDRA SEBASTIAN

Abajo de la tarima, la gente recuerda a Torres como una primera dama asistencialista y dadivosa. “Ella siempre nos ha ayudado. Si estábamos enfermos, íbamos a la casa presidencial y nos daba (dinero) para las medicinas”, dice María Flores, ama de casa de 56 años. Torres estuvo casada con Álvaro Colom, que gobernó entre 2008 y 2011, y falleció en enero pasado.

Durante la actividad, hombres vestidos con camisetas con el logotipo del partido UNE se mezclaban entre la muchedumbre para regalar artículos promocionales. Un video que circuló en redes sociales sugiere la entrega de dinero, y en otros mítines la prensa ha documentado la repartición de efectivo y las rifas de electrodomésticos. Horas antes de que Torres ofreciera su último discurso, el medio digital ConCriterio divulgó el audio de una reunión que la candidata sostuvo con alcaldes a los que ofreció viajes al Caribe mexicano. “Después de ganar la presidencia, les vamos a pagar un viaje a Cancún; así es que empiecen a pedir permiso”, se escucha.

Torres se ha negado a responder los cuestionamientos al respecto. La candidata asegura ser la mejor opción para gobernar porque conoce las necesidades del pueblo. “Conmigo estarán mejor”, dice, y añade que “el pobre se conforma con poquito porque nada tiene”.

Gran parte de la campaña de Torres hacia la segunda vuelta se ha enfocado en tratar de desacreditar a Arévalo. En los últimos días, conforme se confirmaba su caída en las encuestas, se ha apropiado de los señalamientos de la fiscalía a cargo de Rafael Curruchiche sobre la supuesta falsificación de firmas para la conformación del partido político, que luego de cumplir con todos los procedimientos, quedó legalmente constituido en 2018.

Pocas horas antes del cierre de campaña, Torres hizo una declaración ante los medios en la que exige al Tribunal Supremo Electoral que cambie a tres digitadores afiliados al partido Semilla, uno de los últimos hallazgos que ha anunciado el fiscal, y que según Torres, supone una ventaja para Arévalo. El tribunal electoral ha aclarado que los resultados se consignan en las actas y que la única función de los digitadores es ingresar datos en el sistema de transmisión. Pero lejos de pedir el voto para el domingo, las últimas horas públicas de Sandra Torres se diluyeron entre ataques y quejas. Pocas veces se la vio sonriente, quizá un presagio de las horas que se vienen.

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