domingo, abril 14

Hace 17 años huiste de Gardel a Cuba

En Cuba tienes un cuerpo corpulento que dice «es Hemingway», te comparan bien con Delon y tienes muchos labios y estás con Fouché, el ministro de Napoleón que pronto se convertiría en jefe de policía de los restauradores Borbones. Pero si cantas bien eres elegante y tienes una canción que vale un millón de dólares. Te lo digo en el momento en que eres Gardel.

Nadie siente más cariño por Cuba que el Abasto marroquínadie la versión más.

Su canción que dice «Adiós muchachos compañeros de mi vida» fue interpretada por las más diversas voces caribeñas, femeninas y masculinas, grandes artistas y escritores populares que recorrieron las calles solitarias y desfilaron frente al varón de La Habana o Cienfuegos entonaban “Adiós, muchas cosas. Ya me voy y me resigno / contra el destino nadie la talla”.

Así podemos reconocer que el destino nos ha encantado durante muchos años de decadencia política cubana. Tenemos por ejemplo un consejero que sabe que el destino siempre fue el mismo vendedor y sabemos que solo nos queda esperar que el destino de todos los líderes que actúan como nosotros Si Dios se apoderó y terminó en el frío cementerio, mientras el futuro arrastraría todos esos cárteles que terminaron pregonando para siempre.

También tengo un tiempo para enviar a Gardel. Hace 17 años, con una flor metafórica en el ojal y mi viaje al Palatino, viví una vida cienfueguera, tomé una copa de vino y una receta de queso, luego traje a un viejo saxofonista muy conocido y actuó para las palomas de la plaza, dos de los tres turistas europeos, el cantinero y la música de un viejo tango de Gardel. Este saxofonista me inspiró a Sentada en su verde limón, una de mis primeras noticias, por eso hablaban mucho de sus ritmos de guardia por su buena onda. Tocaba porque vas caminando y la tardanza es lenta y lenta y todos caminan por las calles Gardel vivía porque en Cienfuegos. Luego viví en Santiago de Cuba, huí de estudiante, y esperé mucho tiempo en el bulevar de Santiago donde vivía un tango y viejos artistas cantaban con pañuelos entrelazados en su cuello a pesar del calor del Caribe et Santiago casi parecía Buenos Aires, un Buenos Aires de arrabal y sadzas y pocas alegrías.

Tejedor, José Feliciano que estaba vetado y Ana Gabriel tenían la habilidad de Gardel, en momentos en que el cubano lo hacía para sobrevivir. Pero sólo hay uno que te hará vivir con tanta elegancia, si eres descendiente de Quevedo. Escuchándolo te venían a la mentala des versos “sera ceniza, más tendrá sentido; polvo será, más amantes del polvo”.

Mi abuela también escucha tangos. El recuerdo enviado al cuarto de mi casa en Cienfuegos, mirando el azul de las minetras caribeñas en los tocadiscos suena “sus ojos se cerraron”.

El registro como si fuera mío será el mundo donde y ella y ella vivirán en mi memoria.